
Me paso la vida tocando y escuchando multitud de bandas de diversos estilos, realmente me resulta sencillo hacerme una idea global de lo que me gusta y lo que no.
Tengo claro que sonido quiero en mi batería, configuro el SET a la carta (ventajas de la electrónica) "quiero estos platos, estos toms... mmm mejor no quiza uno de jazz y el goliath mas profundo" vale ya tengo el SET de mis sueños, pero que ocurre conmigo ¿cual es mi sonido?.
Un ejercicio que he practicado de un tiempo a esta parte, consiste en grabarme ocasionalmente tocando cualquier cosa, improvisando "tocar lo que me sugiera la mente en ese momento" y despues escucharlo es entonces cuando me encuentro conmigo mismo, es entonces cuando descubro quien soy frente al instrumento, frente a la música.
Esto puede parecer absurdo, pero es algo que considero importante, ya que pienso que es muy gratificante que alguien pueda reconocer a un músico por su sonido. Hay multitud de músicos que tocan como otros músicos es el tipico caso en el que escuchas una banda y te recuerda a tal o a pascual, esta bien idolatrar pues siempre es bueno tener un espejo en el que mirarse, una meta, pero tengo que ser creativo y "estampar mi sello". Un buen músico a mi parecer, tiene una caracteristica que le hace distinto a los demas algo que hace de forma "compulsiva" sin explicacion logica, siempre hay un Break o un patrón que te gusta especialmente y lo colocas en tus composiciones casi sin darte cuenta, bien porque te sientes comodo con el, o porque te gusta su musicalidad, etc...
La batería es un instrumento lleno de matices, muy al contrario de lo que la gente piensa. Dos bateristas tocando el mismo patrón al mismo tempo y con el mismo SET, consiguen sonidos sensiblemente distintos ya que la intensidad, la fuerza y las acentuaciones producen diferencias significativas en el sonido, quiza no para el "oido profano", pero si para el oido de un músico.
Yo sigo viajando por este camino, un camino que inicie alla por 2004 y que me ha dado momentos de felicidad, cuando el resto de mi vida parecia irse al garete. Hoy ya en 2009, cinco años después siento el duro azote de la vida en mi espalda y el sabor agridulce de la madurez y sus consecuencias.
Pero sigo mi camino, busco mi sonido, mientras me encuentro conmigo mismo...